Columnistas de Hora24.co

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CARLOS ARTURO ALTAMAR ARIAS
ABOGADO

Abogado especializado en derecho público y urbano

UNA CIUDAD PARA TODOS

En las dos últimas décadas Barranquilla ha crecido exageradamente, en el último año del siglo 20 no pasábamos de la calle 100, hoy está abierta toda la circunvalar y más allá hay nuevos barrios con muchas edificaciones altas y densamente pobladas. Sin embargo en contraste con lo nuevo la vida urbana se ha perdido ya no hay bola de trapo en las calles, ni juego de trompo o bolita de uñita, nada, en algunos sectores si acaso hay dominó y parqué. Hoy se hace necesario apostarle a crear una vida urbana que nos de identidad.

Pero así como la ciudad ha crecido también ha ido muriendo, barrios tradicionales enteros están desapareciendo unos y otros han dejado de albergar familias y se han convertido en entornos comerciales, como el barrio El Prado, que fuera la primera urbanización de Latinoamérica, hoy es un campus universitario a cielo abierto, las casas que antes eran habitadas por familias de tradición en la ciudad hoy son solo facultades universitarias, la facultad de derecho queda en la casa que era de la familia Marulanda, un ejemplo, y la de economía en la casa de los arguello y pare de contar, por lo menos han conservado su estructura en la mayoría de los casos.

Otros barrios no han corrido con igual suerte, el uso de suelo ha sido cambiado y han pasado de ser residenciales a tener usos múltiples lo que los hace llamativos a los grandes inversionistas, es así como hoy las familias tradicionales de barrios como el Abajo del Río han tenido que desplazarse a los perímetros de la ciudad ya que les tocó vender su vieja vivienda o entregar la arrendada porque sus impuestos se han vuelto impagables, los servicios públicos cada vez más costosos y los arriendos muy altos, a la mayoría les ha tocado trasladarse para esos grandes bloques en donde habitan 4000 familias y en donde la vida diaria se vuelve una lucha permanente y la juventud se pierde por puro aburrimiento, sin posibilidad de estudio o trabajo.

Las mega obras que han realizado en la ciudad solo han servido para beneficiar a un puñado de contratistas y a los propietarios de los inmuebles aledaños, a los que nunca se les cobró el impuesto de plusvalía, aprobado hace 15 años, y que nunca el alcalde constructor, que lleva13 años gobernando, ha querido recaudar y todos sabemos la razón.

Al lado de esas obras se observan barrios enteros como Siape, la bendición de dios, Villanueva, La chinita, Rebolo, en donde las gentes no tienen con qué alimentarse, vestirse, ni educarse y, la mayoría, viven en cambuches en los que no pueden costear los servicios públicos básicos, y viven peor que los animales de la calle.

Hay una casta nueva en la ciudad, que se ha apropiado de todo, son administradores de lo público y constructores de las obras financiadas con el erario, no arreglan sino que tumban y construyen de nuevo para que la ganancia sea mayor, véase el coliseo cubierto, que ya no se llama Humberto Perea, la piscina olímpica que ahora se llama Eduardo Movilla, los estadios, el de basquetbol que ahora no sé cómo se llama y que antes era el Elías chegwin y el Tomás Arrieta que ahora se llama el Edgar Rentería, Edificios emblemáticos, como el colegio Esther De Pelaez, hecho para que estudiaran los hijos de los palenqueros del barrio abajo y que mostraba esa historia segregacionista de la ciudad, fue derrumbado para construir un edificio para el Sena que bien podía funcionar en el viejo y significativo edificio, esa casta nueva le ha quitado hasta los nombres icónicos a la vieja Barranquilla.

Son propietarios de los inmuebles aledaños a las grandes obras y que hoy cuestan 20 veces más de lo que costaban antes de ellas, toda la orilla del río les pertenece, desde la parte trasera del llamado Centro de Convenciones, en donde han colocado grandes restaurantes y construyen grandes centros comerciales, hasta la aleta del tiburón, a donde ahora van los fanáticos del equipo local a rezar para que el equipo gane, y, allí encontramos otros bustos uno de Comesaña y otro de Fuad.

Son dueños de los hospitales, a los que también le cambiaron los nombres, uno de ellos se llama Adelita de Char, y, dueños son del alumbrado público, que antes era de todos.

Hasta en las glorietas están las cabezas de sus familiares, cuan conquistadores del pasado, como la esfinge de la mamá del mejor alcalde del mundo que sonríe en la circunvalar con vía 40 mirando al populoso barrio de Las Flores.

Han puesto el sello de esa casta en todo el paisaje urbano de la ciudad, pero esconden el tanque elevado de Siete de Abril y esconden la llamada avenida del río, obras inservibles y que costaron más de 100 mil millones de nuestros impuestos.

Han matado a nuestra Barranquilla querida, la ha asesinado esa casta que anualmente dispone de 5 billones de presupuesto para invertir y que buena parte de ellos va a sus arcas personales, y, es tanto el dinero que les queda que no saben cómo invertirlo y lo hacen construyendo faraónicas obras privadas sin importarles las consecuencias sociales o políticas y menos aun las que causan daño al medio ambiente, ahora van por Mallorquín, en donde planean un parque gigante para recuperar una ciénaga olvidada, la que llenarán de hormigón y cemento, ese es el desarrollo que proponen. (Ver https://youtu.be/waXTpjdRIns)

También vienen por Barlovento allí piensan hacer una zona comercial nueva con teleférico, rueda de la fortuna, casinos y montaña rusa, ya compraron el 80% de las casas, ya esa gente se está yendo, (ver https://youtu.be/NUwyQ425uv4 ) eso se llama gentrificación, es un proceso que transforma un espacio urbano deteriorado y lo convierte en algo atractivo, lo que de por sí no es malo, lo malo es que sacan a la gente de su entorno y vuelven el espacio un gran negocio particular.

Se hace necesario un gobierno que reconstruya la ciudad, pero no solo en lo físico, sino uno que reconstruya el tejido social, un gobierno que no tenga como centro el ladrillo y el cemento, un gobierno cuyo centro sean los hombre y mujeres desprotegidos de Barranquilla a quienes hay que darles vivienda y trabajo para que ellos paguen su salud y accedan a una educación gratuita y de calidad, un gobierno que acabe con los estratos 0 y 1 y de pronto con el 2 y el 3, un gobierno de verdad, verdad. Un gobierno que transforme la cotidianidad urbana en algo agradable para todos.